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El día que Espino perdió el número 21

Por Horacio Ibarra A.


Entre la multitud de cosas que existen en el ámbito beisbolero, hay algunas que siempre serán interesantes, aunque hayan sucedido a muchos años de distancia. Estas adquieren mayor importancia cuando dentro de ellas se encuentra inmerso algún personaje famoso y más si se trata de Héctor Espino.


Corría la temporada de 1965 en la Liga Mexicana de Beisbol, la cual es recordada por varias razones en la ciudad de Monterrey, las cuales vamos a recordar o darle a conocer para que usted también, amigo aficionado, penetre al mundo mágico de la nostalgia.


Paso a la nostalgia


Por principio de cuentas le diremos que esa temporada el viejo y ahora desaparecido parque Cuauhtémoc de la Calzada Victoria lució totalmente remozado gracias a la visita de los Serafines de California e Indios de Cleveland que vinieron a jugar en contra de los Sultanes el 8 y 15 de marzo, respectivamente.


El magnate sultán, Anuar Canavati, falleció el 11 de mayo al caerse de un caballo jugando polo en una ciudad de Texas y el inolvidable Héctor Espino estuvo fuera del roster del club sultán durante los primeros tres meses de la campaña.


Espino se había encargado de vapulear a los lanzadores durante la temporada anterior y había emigrado en el inicio de esa campaña para unirse a los entonces campeones Cardenales de San Luis desde la etapa de entrenamiento.


El chihuahuense había sido Novato del Año en 1962, finalizando como líder productor con 105 remolcadas al igual que su compañero, el poderoso Alonso Perry, disparando además, 23 cuadrangulares y .358 de porcentaje, cifras importantes para cualquier otro pelotero debutante en la historia de la pelota veraniega.


Un año más tarde volvió a hacer vibrar a los aficionados de todo el circuito al conectar 24 cuadrangulares, con 80 corredores impulsados al plato y .346 de porcentaje.


Récord de cuadrangulares


Sin embargo, en 1964 se encargó de mejorar sus totales obtenidos en las tres principales categorías de la ofensiva, consolidándose como la máxima estrella del béisbol de nuestra liga.


El “Supermán de Chihuahua” tuvo una temporada esplendorosa al imponer récord con 46 cuadrangulares en la campaña, cifra récord que todavía persiste para los peloteros mexicanos y bateadores derechos, pero aparte impulsó a 117 corredores al plato y conquistó la primera de las cinco coronas de bateo que obtendría a lo largo de su carrera al terminar con .371 milésimas.


Espino estaba en la cumbre de su brillante trayectoria, razón por la que fue requerido al final de la campaña por los Soles de Jacksonville de la fuerte Liga Internacional, entonces sucursal de los Cardenales.


Durante el receso invernal Canavati anunció haberlo vendido a los Cardenales, razón por la que no inició la temporada de 1965 con los Sultanes y los aficionados lo comenzaron a extrañar desde los primeros juegos de la campaña, ya que la novena perdió varias series, quedando rezagada en el standing.


Hacían falta sus cañonazos, su trote sinigual recorriendo los senderos después de haber botado la esférica. Su número 21 trotando sobre las bases se había convertido en casi una religión para los aficionados regiomontanos que tenían ya tres temporadas aplaudiendo y vitoreando al famoso bateador cada ocasión que iba al pentágono.


El número 21


En aquel tiempo no había mucha privacidad sobre los números en la franela y los Sultanes, al no estar Espino en el equipo durante el inicio de la campaña le dieron el número 21 al jardinero norteamericano; Willie Tasby.


Este era un exligamayorista que había jugado en varios clubes del beisbol estadounidense y que inclusive había sido parte de los Medias Rojas de Boston siguiéndole en el orden al bat al legendario e incomparable Ted Williams.


Con los Sultanes mostró su calidad desde el primer momento y aunque no terminó la temporada con el club, sus números finales contemplaron 24 cuadrangulares con .294 de porcentaje y 67 carreras impulsadas, portando el número 21 en la espalda de su uniforme.


Al retornar Espino y unirse a los Sultanes a mediados de junio, tras la muerte de Canavati, se encontró con la sorpresa de que el hombre que ocupaba su sitio en el orden al bat también se había adueñado del número de su uniforme. El clásico 21.


Esta fue la principal razón por la que Espino tuvo que usar otro número en su espalda y entre las alternativas se decidió por usar el número 46 en honor a la cifra de cuadrangulares conectados el año anterior.


Poco después y durante la misma temporada, Tasby fue enviado a los Broncos de Reynosa y Espino recuperaba así el número que tanto lo identificó en nuestra pelota, el número 21 que recientemente ha sido retirado para siempre en todos los equipos de la Liga Mexicana de Beisbol como un justo homenaje a su grandeza, pero que alguna vez le fuera arrebatado por Willie Tasby, el norteamericano que viniera a ocupar su sitio y el lugar de honor en la novena de los Sultanes.




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